Recetas

Receta de Bogavante de Navidad

Desde Maskom Supermercados queremos ofrecerte una receta que te vendrá genial para tu cena de Nochebuena. Si escaneas el QR de la imagen puedes ver el vídeo del paso a paso.

El bogavante es uno de los protagonistas de las cenas festivas más exquisitas y tradicionales. Como también lo es la manera de pescarlo, que, aunque se haya modernizado en algunos aspectos, continúa siendo cuidadosa y casi artesanal. Hay varias formas y una de ellas es la que usa trampas o nasas, que vienen a ser como una especie de jaulas hechas con alambre o con mallas, dentro de las cuales se pone el cebo. Así, los bogavantes entran a comer y ya no pueden salir.

Otra forma de atraparlos es mediante el buceo: quien se sumerge lleva una cesta que permite cogerlos de manera más o menos sencilla. Estas dos técnicas son las más respetuosas con el medioambiente, además de ser selectivas con los ejemplares. También está el arrastre, pero que se utiliza menos, afortunadamente, porque afecta al lecho marino y su impacto medioambiental es mucho mayor.

Ingredientes:

1 bogavante, 25 gramos de mantequilla Alteza, 500 ml de leche, 25 gramos de harina de trigo Alteza, queso emmental Alteza (al gusto), 1 pizca de mostaza, 1 yema de huevo, y 30 ml de nata líquida.

Elaboración:

Abre el bogavante a la mitad y colócalo en una fuente para hornear. Hornéalo 10 minutos a 180 ºC en el horno ya precalentado. Prepara una bechamel con la mantequilla, la harina y la leche. Si no dispones de mucho tiempo, puedes usar bechamel ya preparada.

Por otra parte, bate la yema de huevo y la nata líquida en un cuenco. Integra la mezcla en la bechamel. Añade el líquido de la cabeza del bogavante y una pizca de mostaza. Remueve. Extrae la carne del bogavante y báñala con la bechamel. Unta la cáscara del bogavante con la bechamel e incorpora la carne. Cubre con otra capa de bechamel y emmental. Hornea 3 minutos a 220ºC y ¡A disfrutarlo!

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¿Qué alternativas al azúcar son realmente saludables?

Existen diversas alternativas al azúcar blanco conocidas como edulcorantes, sustancias naturales o sintéticas con sabor dulce. Algunos edulcorantes son acalóricos (no tienen calorías, como la sacarina, la estevia o el aspartamo), pero el azúcar de mesa o el jarabe de glucosa también son edulcorantes y tienen gran aporte calórico.

Otras alternativas, aparentemente saludables, como la panela, el sirope de agave o el azúcar moreno no lo son, pues provocan en el organismo los mismos efectos que el azúcar blanco, según nos explica el Nutricionista y fundador de Glucovibes, Dr. Alberto Conde Mellado.

Sin embargo, sí hay alternativas naturales con propiedades saludables que pueden sustituir al azúcar. Eso sí, no son acalóricas por lo que tendrán mayor o menor impacto en la glucemia según su propia composición (hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales) y de la composición final de la preparación culinaria.

Entre ellas, la pasta de dátiles (utilizada en repostería para sustituir al azúcar), la calabaza o el boniato (asados son dulces) la crema de castañas (tienen sabor dulce y bajo contenido en grasas) y, por supuesto, la fruta, cuyo azúcar natural no se considera perjudicial.

¿Alergia, intolerancia o sensibilidad alimentaria?

Los expertos aseguran que las diferencias son muchas en síntomas, diagnóstico, tratamiento y dieta a llevar. Desde Maskom Supermercados te damos hoy todas las respuestas para que no las confundas más y sepas qué puedes y qué no puedes comer.

Las intolerancias alimentarias son bastante comunes. De hecho las padecen entre un 15 y un 20% de la población y muchos afectados no están diagnosticados. Es muy común confundir intolerancias con alergias, y no tiene nada que ver. Ni sus síntomas ni su tratamiento son los mismos. Las razones por las que aparecen no están claras: pueden ser genéticas, por consumo de conservantes, contaminación, estrés, abuso de antibióticos, exceso de higiene, etcétera.

La doctora Clara Isabel Pérez Padilla, responsable del Servicio de Alergología del Hospital Vithas Xanit Internacional de Benalmádena, nos explica en qué se diferencia la alergia alimentaria de la intolerancia y la sensibilidad a algunos alimentos y cómo hay que tratarlos. Pero también nos habla de por qué pueden aparecer alergias e intolerancias a cualquier edad.

Las alergias deben vigilarse desde el nacimiento. Cuando hablamos de bebés y niños, los padres deben estar atentos y si el niño presenta algún síntoma de alergia consultarlo de inmediato con el pediatra, que les remitirá a un especialista en alergología. Probablemente estudiará una posible alergia o intolerancia con pruebas cutáneas y, si es necesario, un análisis de sangre. Respecto a la introducción de sólidos en la alimentación de los bebés, los pediatras han intentado organizar el orden de introducción precoz de cada alimento. Hoy algunos estudios de alergología avalan que la introducción precoz de ciertos alimentos podrían prevenir ciertas alergias.

En el caso de los adultos cada vez hay más pacientes que en edad adulta comienzan a tener alergias o intolerancia a alimentos que habían comido sin problemas toda la vida, así que también debemos estar alerta.

Alergias

La alergia es una respuesta o reacción extrema del sistema inmunológico que hace que nuestro organismo perciba como nociva una sustancia o alimento.

Los síntomas pueden presentarse de forma aislada o conjuntamente: picor en la boca, ronchas o habones en cualquier parte del cuerpo, sensación de di­ficultad para tragar, inflamación de labios, lengua, párpados, estornudos, mucosidad nasal, tos, silbidos al respirar, difi­cultad respiratoria, dolor abdominal, hipotensión e incluso llegar a parada cardiorrespiratoria.

En el caso de las alergias, para tener un diagnóstico hay que acudir a un alergólogo que, con una detallada historia clínica y la realización de pruebas cutáneas en prick con una pequeña lanceta, casi indoloras, puede diagnosticar el tipo de alergia en 15-20 minutos. En ocasiones hay que recurrir a analíticas de sangre con IgE (inmunoglobulina) especí­ficas a alimentos y otras veces a pruebas de exposición controlada con el alimento en un centro hospitalario.

Hasta hace pocos años, la única manera de prevenir una reacción alérgica era evitar el alimento. Además, si la alergia es grave, hay que ser muy estricto con la dieta, ya que hay riesgo de ana­filaxia si se ingiere el alimento de forma accidental y puede incluso llegar a matar. Hoy se puede modifi­car el curso de la enfermedad mediante la inmunoterapia oral con alimentos, que es la administración progresiva del mismo, comenzando con cantidades muy pequeñas. Es una práctica que debe realizarse en un centro hospitalario por un alergólogo experto en el tema.

Intolerancias

En este caso no interviene ningún mecanismo inmunológico. Las más frecuentes son las intolerancias a la lactosa de los productos lácteos, seguida de la fructosa de las frutas y verduras. La intolerancia a la lactosa daña la mucosa intestinal de los pacientes, de los que la mayoría no están diagnosticados. Una entidad nueva surgida hace relativamente poco, es la intolerancia o sensibilización al gluten no celiaca, que no hay que confundir con la enfermedad celiaca, que es una enfermedad sistémica inmunológica.

Los síntomas son fundamentalmente digestivos: dolor abdominal, diarreas, estreñimiento, vómitos o distensión abdominal. Ocasionalmente también pueden producir otras afecciones como dolor de cabeza, cansancio…

El diagnóstico de una intolerancia se realiza en un laboratorio de análisis clínicos con el test de intolerancia a la lactosa, o a fructosa, en aire bucal. La intolerancia al gluten no celiaca, sin embargo, no dispone de pruebas diagnósticas. El diagnóstico es clínico, si el paciente mejora al suspender el gluten de su dieta. La vida del paciente no corre peligro si lo ingiere accidentalmente, a diferencia de la alergia que puede comprometer la vida de una persona si ingiere el alimento al que es alérgico.

En principio, el tratamiento es que hay que evitar el alimento si así lo indica el médico especialista, ya sea alergólogo o digestivo.

Sensibilidad alimentaria

La sensibilidad alimentaria se trata de una alergia subclínica. Es decir, el paciente, tiene pruebas positivas de alergia a alimentos, pero en cambio tolera sin problemas su ingesta.

En este caso, la sensibilidad no presenta ningún síntoma, se suele diagnosticar al realizar las pruebas de alergia.

En la actualidad, lo que está indicado como tratamiento al respecto es continuar comiendo ese alimento mientras no cause problemas al organismo. Tratar estas dolencias mejora la calidad de vida. Se trata de adaptar la dieta y llevar un control riguroso de todo lo que se ingiere.

Ya está aquí el folleto de diciembre

Inauguramos el mes de diciembre, un mes que trae muchas celebraciones y, por eso, desde Maskom Supermercados te hemos preparado un nuevo folleto repleto de ofertas que te vendrán de maravilla para estas fiestas.

Así por ejemplo, tal y como te destacamos en portada, no puedes dejar escapar la promoción de langostinos cocidos pelados o langostinos cocidos con cáscara a 3,95 euros la caja de 250 gramos.

Asimismo, puedes llevarte cualquier variedad de turrón Suchard a 2,95 euros la unidad o si prefieres un postre más saludable en estas fechas, encuentra la piña natural madura a 1,49 euros el kilo.

Y para preparar tus platos, te traemos una oferta espectacular de la freidora de aire digital Jocca de 5 litros ¡Un 34% de descuento! Llévatela por tan sólo 59 euros. Y, destacamos también en portada la oferta que te traemos en diciembre del litro de aceite de oliva virgen de Coosur Serie Oro a 7,59 euros.

Corre ya a nuestra web https://www.maskom.es/folleto/ y consulta el nuevo folleto para descubrir el resto de ofertas que te hemos preparado en su interior y, por supuesto, ve rápido a cualquiera de nuestros Maskom Supermercados para aprovecharlas y no quedarte sin ellas.

¿Aprender a comer? En Maskom te damos estas claves

Esta semana, en Maskom Supermercados, te traemos las recomendaciones del doctor Nicolás Romero, nutricionista conocido por su participación semanal en el programa ‘Saber vivir’ de La mañana de la 1 y por presentar el programa de TVE ‘Dr. Romero’ quien nos da claves para aprender a comer.

La obesidad es un problema que afecta a nuestra salud, sin embargo, eso no significa obsesionarse con lo que comemos. El 39,3% de los españoles sufren sobrepeso y el 21,6 de obesidad, según datos del Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE), un hecho que afecta gravemente a la salud de la población. El doctor Romero aboga por un plan de alimentación para mantenerse en forma, sin dietas que puedan ser “arriesgadas y peligrosas”. Su método “Inteligencia corporal” implica re­flexión psicológica para aprender a conocer nuestro cuerpo y cambios en nuestro estilo de vida antes de programar un plan de alimentación propio.

“No utilizamos la comida solo para alimentarnos, sino para paliar otro tipo de deficiencias afectivas”, afirma tajantemente el nutricionista. Es más, según explica, “el 80% de las personas obesas en España no reconocen tener problemas de peso y se autoengañan con lo que comen: llegan a picotear 20 veces al día, además de las comidas principales y, sin embargo, creen que no comen mucho”. Por eso, antes de comenzar un nuevo plan propio de alimentación, el doctor asegura que hay que re­flexionar sobre cómo creemos que nos alimentamos. Para ello da las siguientes pautas:

• Modificar las creencias.

• Desenmascarar el engaño: si comes raciones grandes, si estás continuamente picoteando entre horas…

· Ser muy consciente de lo que comes: planificando los menús semanales y llevando al súper una lista de la compra. “Está comprobado que si se improvisa, se come peor”, explica y añade: “No hay que comprar por impulso, sino eligiendo los productos más saludables”.

· No vivir obsesionado con la comida, ni confiar en dietas milagrosas ni en vitaminas, y sí aprender a conocer nuestro cuerpo y cómo funciona.

· No dejarte presionar por los demás. Por ejemplo, si en un cumpleaños insisten en que comas igual que ellos y tú estás cuidando tu alimentación, debes ser coherente con tu plan y explicarlo para que lo entiendan

Para que el plan de alimentación basado en la inteligencia corporal funcione, hay que adoptar una serie de pautas sanas 10 días antes de introducir esos cambios en la dieta:

  1. Dormir bien y suficientes horas. Un sueño insuficiente provoca sobrepeso. Y está demostrado que dormir menos de seis horas afecta a la salud cardiovascular. También ayuda comer al menos 2-3 horas antes de acostarte y tomar infusiones calientes por la noche, ya que controlan la ansiedad y bajan la temperatura corporal (facilita el sueño).
  2. Alargar las comidas más de 20 minutos, el tiempo que necesita el cerebro para dar la orden de saciedad. Para lograrlo, mastica y bebe muy despacio, saboreando, y convirtiendo la comida en un acto consciente. Nada de comer de forma automática.
  3. No hace falta terminar todo lo que está en el plato. Hay que romper con esa creencia social de obligación.
  4. No ser impaciente. La saciedad llegará, y no tienes que comer más porque creas que te quedas con hambre. Si bebes mucho durante las comidas, te sentirás lleno antes.
  5. Conocer cómo son tus digestiones y qué es lo que te daña. Por ejemplo: si para desayunar tomas aceite de oliva, tomate, zumo de naranja y padeces acidez, tienes que variar los hábitos, porque aunque son alimentos muy saludables, no son buenos para ti.
  6. Estar dispuesto a moverte, a practicar ejercicio de forma regular. Puedes comenzar por caminar 30 minutos diarios a paso ligero al menos tres veces a la semana, y después añadir ejercicios de resistencia (como Pilates).

Reaprender a comer

Si estás convencido de que quieres aprender de nuevo a comer, debes basar tu nuevo plan en tres niveles, que serán la base de tu menú diario de tres platos:

  1. Tomar alimentos ricos en fibra y agua. Hay mucha agua en frutas y verduras, que además son muy diuréticas. Pero también en platos líquidos como caldos, cremas, gazpacho, purés… Además, con estos alimentos ingerimos también minerales y vitaminas de buena calidad. Son muy recomendables como primer plato, porque son muy saciantes.
  1. Ingerir proteínas de buena calidad (animales y vegetales). Si es posible, mejor los últimos, ya que no contienen problemas añadidos (como las purinas perjudiciales, que pueden provocar ácido úrico). Pero las proteínas vegetales también son menos completas en aminoácidos, así que hay que compensar.

• Vegetales: legumbres, cereales, frutos secos y derivados de la soja (como el tofu), semillas…

• Animales. El huevo es muy completo y barato y puede prepararse por ejemplo en tortilla con tomate natural, o con arroz integral… También es muy saludable el pescado, más que la carne. Por ejemplo: 100 g de atún contiene las mismas proteínas que 100 g de ternera, pero el pescado incluye grasas Omega 3, más saludables. Incluye mejillones, sepia, calamares… que pueden ser congelados, ya que no pierden proteínas y son más económicos.

  1. Aceite de oliva virgen para todo: freír, cocinar, aliñar… Se trata de preparar platos ajustados a la dieta mediterránea, dando preferencia a los alimentos frescos, regresando a los platos tradicionales con trucos básicos:

• Optar por los sofritos de nuestras abuelas, para evitar los alimentos insípidos, a la plancha.

• Si se come pan, arroz o pasta, que sea integral.

• Introducir las legumbres 3-4 veces a la semana. Se puede cambiar el compango (morcilla, tocino, chorizo) por las verduras, incluirlas en ensaladas, etc.

El doctor Romero asegura: “Con solo estos ingredientes, una familia puede elaborar un plan de alimentación sano propio, que no nos cree ansiedad, que disfrutemos mientras lo llevamos a cabo y también después, cuando comprobemos que hemos alcanzado nuestro objetivo”.

Por último, asegura que si logramos seguirlo durante un año, estará integrado en nuestra dieta diaria de por vida, así que ya sabes, acude a tu Maskom Supermercados más cercano, que además abre este próximo domingo 3 de diciembre y empieza a realizar tu compra saludable y riquísima con estos consejos que te hemos traído hoy.

Receta de cocido madrileño

Ahora que el frío comienza a entrar en Málaga, desde Maskom Supermercados te proponemos hoy una receta de cocido. El origen del cocido madrileño no está muy claro, aunque se apunta a una evolución de la olla podrida manchega, que aparece mencionada en las obras del Siglo de Oro.

Aunque el apellido ‘madrileño’ ya se había utilizado con anterioridad, fue entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX cuando se desarrolló su ligadura a la capital española y ahora es una de sus recetas más representativas.

Primero se empezó a servir en tabernas y, poco a poco, se fue introduciendo en las cocinas de la burguesía y de la corte. Este plato se sirve por partes o vuelcos. El primer vuelco es el que lleva la sopa hecha con el caldo del cocido, el segundo es el que sirve los garbanzos y las verduras y el tercero es el de la carne. Actualmente, los pasos suelen ser dos, ya que la verdura, los garbanzos y la carne se ponen en la mesa al mismo tiempo.

Ingredientes:

300 g de garbanzos cocidos Alteza • 400 g de morcillo • 200 g de tocino • 2 huesos de rodilla de ternera • 3 huesos de cerdo salado • 3 huesos de caña con tuétano • 3 chorizos frescos • 2 morcillas • 150 g de gallina • 3 patatas • 2 zanahorias • 150 g de fideos Alteza • 1 repollo.

Elaboración:

Cuece la carne, el embutido y el repollo por separado. Cuando la carne esté casi hecha, añade las patatas y las zanahorias peladas. Retira la carne y las verduras. Reserva el caldo. Rehoga el repollo y resérvalo en una fuente junto a los garbanzos. Cuela el caldo y haz sopa con los fideos. ¡Y a disfrutar!

Alimentación para tener unos huesos fuertes

Hoy, desde Maskom Supermercados, venimos a hablarte de nuestros huesos. Y es que, tener un esqueleto sano es sinónimo de una vejez saludable y activa, pero para llegar a este punto, debemos comenzar a cuidarnos desde la niñez. La alimentación, en este caso es fundamental. En concreto aquellos que nos proporcionan calcio, el cual es el mineral más abundante en el cuerpo humano y cumple un papel esencial pues es el encargado de que tengamos unos huesos fuertes, entre otras funciones.

Al cumplir años, los niveles de calcio en nuestro organismo se van reduciendo, lo que afecta directamente en la densidad ósea. Así, a una menor densidad, nuestros huesos son más frágiles y, por lo tanto, es más sencillo sufrir una fractura.

Es sobre los 30 años cuando se considera que nuestra masa ósea alcanza su punto máximo y, por consiguiente, empieza a ralentizarse el proceso, es decir, empezamos a perder densidad de forma más rápida de la que la generamos. Nuestros huesos no solo son más débiles, también se recuperan de una forma más lenta. Por ejemplo, un niño se rompe un brazo y se recupera en cuestión de días, mientras que una rotura a una edad avanzada puede suponer una pérdida de calidad de vida permanente.

Cuando la densidad de nuestros huesos desciende a niveles muy bajos, se sufre osteoporosis, la enfermedad más común de los huesos. De hecho, solo en nuestro país, la sufren más de tres millones de personas. Uno de los problemas de la osteoporosis es que no presenta síntomas o estos son muy vagos y, por lo tanto, el diagnóstico se puede retrasar hasta que es demasiado tarde, por norma general, cuando se produce una rotura. Por este motivo, la densitometría, prueba diagnóstica que mide la calidad de nuestros huesos, entra ya dentro del protocolo habitual en las revisiones de mujeres mayores de 65. El motivo es que la menopausia, con los cambios hormonales que acarrea, es uno de los factores que puede acelerar el proceso que acaba en osteoporosis.

Aunque la osteoporosis suene a un problema de personas mayores, lo cierto es que es en la juventud cuando debemos empezar a preocuparnos de la salud de nuestros huesos. La cantidad necesaria de calcio varía con la edad, siendo la niñez y la adolescencia las etapas que más calcio requieren, ya que están en pleno desarrollo. Una deficiencia en estas etapas puede ser nefasta para un correcto crecimiento o formación de los huesos. Llegados a la edad adulta, la cantidad recomendada es de unos 1.000 mg diarios, lo que se puede traducir en tres vasos de leche diarios.

Aunque estamos acostumbrados a asociar calcio con leche, lo cierto es que esta no es la única solución para elevar los niveles de este mineral en nuestro cuerpo. Aunque bien es cierto que es el más eficaz, no es el único. Los frutos secos, el pescado y algunas verduras también son una excelente fuente de calcio.

Por lo general, asociamos salud ósea con calcio, pero este no es el único nutriente esencial para nuestros huesos. La vitamina D es casi igual de importante, en parte, porque gracias a ella, nuestro organismo es capaz de asimilar el calcio que consumimos. Los principales productos que debes introducir en tu dieta para aumentar la cantidad de vitamina D son el pescado azul (salmón, atún, boquerones, sardinas…), huevos, setas y, por supuesto, lácteos enriquecidos.

También es importante señalar que una gran parte de vitamina D que recibe nuestro cuerpo procede directamente del sol. Al exponernos a la luz solar, nuestra piel estimula la síntesis de esta vitamina, llegando a ser necesarios tan solo diez minutos (sin protección solar) en verano para cumplir con los requisitos marcados.

Además de revisar tu dieta y cuidar los alimentos que consumes a diario, hay otro factor muy importante que juega en contra de tus huesos: el sedentarismo. La falta de actividad, junto a una mala alimentación, son la combinación ideal para acelerar la descalcificación de los huesos por la pérdida de masa muscular que se produce al no movernos. Y es que el músculo ayuda a fijar el calcio a la estructura ósea, por lo que es importante realizar un mínimo de actividad física marcado por la edad. Por supuesto, no es necesario ir cada día al gimnasio y dedicar mucho tiempo al ejercicio. Desde andar 30 minutos al día hasta deportes que exigen más fondo físico, todos son igual de válidos, mientras cuides las articulaciones.

Ponte las pilas en otoño con estos consejos alimenticios

Los cambios de estación no solo afectan a la ropa que tenemos en el armario, sino que pueden desestabilizar el estado de ánimo. Y, en ocasiones, de manera muy marcada. Hay diversas tácticas para combatirlo y, entre ellas, se incluye la alimentación, por eso en Maskom Supermercados hoy queremos hablarte de ello.

Podría decirse que es la cara B de la astenia primaveral. El cambio de estación puede traer consigo un decaimiento emocional y físico que dura, de media, unas dos semanas. Pero si, en primavera, lo que nos desestabiliza es el aumento de las horas de luz y la subida de las temperaturas, en otoño, sucede lo contrario: los días se acortan, hay que hacer cambio de armario para recuperar los jerséis y los abrigos y las vacaciones estivales ya son un mero recuerdo.

No se puede considerar una enfermedad, salvo que se extienda en el tiempo más allá de los 15 días habituales. Si fuese el caso, habría que consultar con un especialista, por si hubiese patologías asociadas, como anemias o enfermedades más graves.

La dietista y nutricionista Itziar Digón explica que la naturaleza es sabia y hay que hacerle caso a la hora de alimentarse: “Así como en verano nos da frutos con grandes cantidades de agua para hidratarnos, en otoño, nos da cítricos ricos en vitamina C, que fortalecen nuestro sistema inmunitario”.

Comer alimentos de temporada ayuda a preservar nuestra salud, lo que también contribuye a mejorar nuestro estado de ánimo, por supuesto. Pero hay algunos de ellos que, por su gran aporte de energía son estupendos para luchar contra el decaimiento. La mayoría pueden encontrarse en el mercado durante todo el año, pero el otoño es el momento en el que se recogen. Inclúyelos en tu dieta y notarás cómo tu humor mejora y tu cuerpo se activa. Además, están buenísimos y no te costará nada introducirlos en tus menús diarios.

Bebidas que reconfortan. Bajan las temperaturas y las horas de luz se acortan. En primera instancia, puede parecer un cambio triste, pero es cuestión de mirarlo con perspectiva. Estar en casa con ropa cómoda y una taza con una bebida calentita puede convertirse en uno de los mejores momentos del día. Y si ese líquido humeante tiene propiedades naturales que ayudan a relajarse o a animarse un poco, qué más se puede pedir. Hay muchísima variedad, pero las que mejor valoración tienen entre los expertos y consumidores son las que te detallamos en la columna de la derecha. Algunas de ellas no son ninguna rareza, puede que te sorprenda que, además de servir para calmar el estómago, por ejemplo, también funcionen como relajante.

Alimentos indispensable en tu cocina durante el otoño:

Setas: Además de dar un sabor intenso a las recetas, tienen muy pocas calorías. Entre sus nutrientes, destaca la vitamina B, que va a ayudar al buen funcionamiento del sistema nervioso. Las más populares en España son: Amanita caesarea, Boletus edulis y el rebozuelo o chantarela.

Frutas: Las frutas de otoño están cargadas de antioxidantes y fibra. Ayudan a combatir

el estrés oxidativo, a proteger los órganos vitales y a mejorar el tránsito intestinal. Además, tienen una alta capacidad saciante: manzanas, kiwis y granada son las más indicadas para subir el ánimo.

Hortalizas: Gran momento para este grupo alimenticio. Esta estación es la temporada estrella de muchas de ellas, que siempre amenizan los platos, aportan nutrientes y pocas calorías. Las más aconsejables son: calabaza, berenjena, alcachofa y las coles (repollo, brócoli, coliflor…).

Sándwich para todos los gustos

Hoy, día 3 de noviembre, se celebra el ‘Día Mundial del Sándwich‘, uno de los platos más variados que existen a nivel mundial. Por eso, desde Maskom Supermercados queremos preguntarte ¿Cuál es tu receta favorita?

Algunas de las recetas más famosas de sándwiches son estas:

  • Sándwich mixtoEl clásico sándwich de jamón, queso y mantequilla entre dos rebanadas de pan.
  • Sándwich club: También conocido como club house, es un sándwich que tiene 4 rebanadas de pan y entre ellas hay jamón, queso, huevo, tocino, lechuga, tomate, cebolla y salsas.
  • Sándwich de albóndiga: Se trata de rebanadas de pan en cuyo interior hay albóndigas de carne acompañadas de queso amarillo y cualquier otro elemento que sea del gusto del comensal.
  • Sándwich cubano: A diferencia de los anteriores este bocadillo se elabora con 2 panes tipo baguette, jamón cocido, queso suizo, carne de cerdo asado, mostaza y aceite de oliva.
  • Sándwich de atún: Se elabora con 2 rebanadas de pan de molde, mayonesa, tomate, lechuga y atún.

Y tú ¿Con cuál te quedas?

Receta de pollo al chilindrón

Hay leyendas gastronómicas de lo más curiosas y la de esta salsa es una de ellas. El chilindrón, que está hecho a base de pimientos, tomate, ajos y cebolla, es típico de las zonas del norte del país, como el País Vasco, Navarra o La Rioja. Como siempre, hay varias teorías, pero se dice que el nombre de la receta hace referencia a los jugadores de cartas, ya que, cuando conseguían reunir sota, caballo y rey en una partida de chilindrón (nombre del juego), ganaban la partida. Esa era la combinación perfecta, como también lo es en la cocina la de los ingredientes de la salsa, que da como resultado la mejor posible.

El chilindrón se utiliza también para platos con base de pescado, como el bacalao, y otras carnes, como el cordero, muy famoso sobre todo en Navarra, aunque en esa zona no es habitual usar tomate. Cada geografía tiene sus peculiaridades culinarias.

INGREDIENTES:

600 g de pollo • 1 pimiento verde • 1 pimiento rojo • 1 cebolla • tomate triturado Alteza • 2 dientes de ajo • sal alteza • 100 ml de vino blanco • pimienta negra molida Alteza • 1 hoja de laurel • aceite de oliva alteza.

ELABORACIÓN:

Salpimienta el pollo, dóralo en una sartén y resérvalo. Pocha los ajos y la cebolla a fuego muy suave durante 5 minutos. Añade los pimientos y el laurel y cocina todo 5 minutos más. Después, echa el tomate, salpimienta y cocina otros 2 minutos a fuego fuerte. Añade el vino y el pollo y cuece durante 20 minutos más. Sírvelo cuando aún esté caliente.

También puedes ver el paso a paso en nuestro canal de Youtube si lo prefieres y, por cierto, si aún no nos sigues, te invitamos a que lo hagas.