¿Alergia, intolerancia o sensibilidad alimentaria?

Los expertos aseguran que las diferencias son muchas en síntomas, diagnóstico, tratamiento y dieta a llevar. Desde Maskom Supermercados te damos hoy todas las respuestas para que no las confundas más y sepas qué puedes y qué no puedes comer.

Las intolerancias alimentarias son bastante comunes. De hecho las padecen entre un 15 y un 20% de la población y muchos afectados no están diagnosticados. Es muy común confundir intolerancias con alergias, y no tiene nada que ver. Ni sus síntomas ni su tratamiento son los mismos. Las razones por las que aparecen no están claras: pueden ser genéticas, por consumo de conservantes, contaminación, estrés, abuso de antibióticos, exceso de higiene, etcétera.

La doctora Clara Isabel Pérez Padilla, responsable del Servicio de Alergología del Hospital Vithas Xanit Internacional de Benalmádena, nos explica en qué se diferencia la alergia alimentaria de la intolerancia y la sensibilidad a algunos alimentos y cómo hay que tratarlos. Pero también nos habla de por qué pueden aparecer alergias e intolerancias a cualquier edad.

Las alergias deben vigilarse desde el nacimiento. Cuando hablamos de bebés y niños, los padres deben estar atentos y si el niño presenta algún síntoma de alergia consultarlo de inmediato con el pediatra, que les remitirá a un especialista en alergología. Probablemente estudiará una posible alergia o intolerancia con pruebas cutáneas y, si es necesario, un análisis de sangre. Respecto a la introducción de sólidos en la alimentación de los bebés, los pediatras han intentado organizar el orden de introducción precoz de cada alimento. Hoy algunos estudios de alergología avalan que la introducción precoz de ciertos alimentos podrían prevenir ciertas alergias.

En el caso de los adultos cada vez hay más pacientes que en edad adulta comienzan a tener alergias o intolerancia a alimentos que habían comido sin problemas toda la vida, así que también debemos estar alerta.

Alergias

La alergia es una respuesta o reacción extrema del sistema inmunológico que hace que nuestro organismo perciba como nociva una sustancia o alimento.

Los síntomas pueden presentarse de forma aislada o conjuntamente: picor en la boca, ronchas o habones en cualquier parte del cuerpo, sensación de di­ficultad para tragar, inflamación de labios, lengua, párpados, estornudos, mucosidad nasal, tos, silbidos al respirar, difi­cultad respiratoria, dolor abdominal, hipotensión e incluso llegar a parada cardiorrespiratoria.

En el caso de las alergias, para tener un diagnóstico hay que acudir a un alergólogo que, con una detallada historia clínica y la realización de pruebas cutáneas en prick con una pequeña lanceta, casi indoloras, puede diagnosticar el tipo de alergia en 15-20 minutos. En ocasiones hay que recurrir a analíticas de sangre con IgE (inmunoglobulina) especí­ficas a alimentos y otras veces a pruebas de exposición controlada con el alimento en un centro hospitalario.

Hasta hace pocos años, la única manera de prevenir una reacción alérgica era evitar el alimento. Además, si la alergia es grave, hay que ser muy estricto con la dieta, ya que hay riesgo de ana­filaxia si se ingiere el alimento de forma accidental y puede incluso llegar a matar. Hoy se puede modifi­car el curso de la enfermedad mediante la inmunoterapia oral con alimentos, que es la administración progresiva del mismo, comenzando con cantidades muy pequeñas. Es una práctica que debe realizarse en un centro hospitalario por un alergólogo experto en el tema.

Intolerancias

En este caso no interviene ningún mecanismo inmunológico. Las más frecuentes son las intolerancias a la lactosa de los productos lácteos, seguida de la fructosa de las frutas y verduras. La intolerancia a la lactosa daña la mucosa intestinal de los pacientes, de los que la mayoría no están diagnosticados. Una entidad nueva surgida hace relativamente poco, es la intolerancia o sensibilización al gluten no celiaca, que no hay que confundir con la enfermedad celiaca, que es una enfermedad sistémica inmunológica.

Los síntomas son fundamentalmente digestivos: dolor abdominal, diarreas, estreñimiento, vómitos o distensión abdominal. Ocasionalmente también pueden producir otras afecciones como dolor de cabeza, cansancio…

El diagnóstico de una intolerancia se realiza en un laboratorio de análisis clínicos con el test de intolerancia a la lactosa, o a fructosa, en aire bucal. La intolerancia al gluten no celiaca, sin embargo, no dispone de pruebas diagnósticas. El diagnóstico es clínico, si el paciente mejora al suspender el gluten de su dieta. La vida del paciente no corre peligro si lo ingiere accidentalmente, a diferencia de la alergia que puede comprometer la vida de una persona si ingiere el alimento al que es alérgico.

En principio, el tratamiento es que hay que evitar el alimento si así lo indica el médico especialista, ya sea alergólogo o digestivo.

Sensibilidad alimentaria

La sensibilidad alimentaria se trata de una alergia subclínica. Es decir, el paciente, tiene pruebas positivas de alergia a alimentos, pero en cambio tolera sin problemas su ingesta.

En este caso, la sensibilidad no presenta ningún síntoma, se suele diagnosticar al realizar las pruebas de alergia.

En la actualidad, lo que está indicado como tratamiento al respecto es continuar comiendo ese alimento mientras no cause problemas al organismo. Tratar estas dolencias mejora la calidad de vida. Se trata de adaptar la dieta y llevar un control riguroso de todo lo que se ingiere.